por Jason Wasserman MD PhD FRCPC
3 Julio 2025
tiroiditis linfocítica crónica, también conocida como Tiroiditis de HashimotoEs una enfermedad autoinmune común que afecta la glándula tiroides. La tiroides es una glándula pequeña con forma de mariposa, ubicada en la parte frontal del cuello, que produce hormonas responsables de regular el metabolismo, los niveles de energía y muchas otras funciones vitales del cuerpo.

En esta afección, el sistema inmunitario ataca por error la glándula tiroides, lo que provoca inflamación a largo plazo y daño gradual a las células tiroideas. Con el tiempo, la tiroides pierde su capacidad para producir suficientes hormonas, lo que provoca una afección llamada hipotiroidismo (tiroides hipoactiva).
La tiroiditis linfocítica crónica es una de las causas más comunes de hipotiroidismo, especialmente en mujeres de mediana edad.
Muchas personas con tiroiditis linfocítica crónica inicialmente no presentan síntomas y la afección puede descubrirse durante un análisis de sangre de rutina o un estudio por imágenes realizado por otro motivo.
A medida que la glándula tiroides se daña más y la producción hormonal disminuye, pueden aparecer síntomas de hipotiroidismo. Estos pueden incluir:
Fatiga y poca energía.
Aumento de peso.
Intolerancia al frío (sensación de frío inusual).
Estreñimiento.
Piel seca.
Depresión o cambios de humor.
Ritmo cardíaco lento.
Irregularidades menstruales.
Debilidad muscular o calambres.
Hinchazón de la cara o hinchazón en el cuello (bocio)
Los síntomas tienden a desarrollarse lentamente y pueden ser leves al principio, lo que hace que sea fácil pasarlos por alto.
La tiroiditis linfocítica crónica se produce cuando el sistema inmunitario funciona mal. En un cuerpo sano, el sistema inmunitario se defiende contra virus y bacterias. Sin embargo, en trastornos autoinmunitarios como la tiroiditis de Hashimoto, el sistema inmunitario produce por error autoanticuerpos (proteínas especiales que atacan los propios tejidos del cuerpo).
En este caso, los autoanticuerpos atacan las proteínas de las células tiroideas. Esto desencadena... inflamación y atrae más células inmunitarias a la glándula tiroides. Con el tiempo, los repetidos ataques inmunitarios provocan daño tisular y una disminución de la producción de hormona tiroidea.
La razón exacta por la que el sistema inmunológico se comporta de esta manera no se entiende completamente, pero se han identificado varios factores de riesgo:
Antecedentes familiares: las personas con un pariente cercano que padece una enfermedad autoinmune (como diabetes tipo 1 o lupus) tienen mayor riesgo.
Género: Las mujeres tienen mucha más probabilidad que los hombres de desarrollar esta afección.
Edad: Es más común en adultos de mediana edad, especialmente mujeres mayores de 60 años.
Otros trastornos autoinmunes: Afecciones como la artritis reumatoide, la diabetes tipo 1 o la enfermedad celíaca aumentan el riesgo.
Exposición a la radiación: La exposición a la radiación (de tratamientos médicos o fuentes ambientales) puede aumentar el riesgo.
Factores genéticos: Ciertos genes pueden aumentar la probabilidad de desarrollar enfermedades tiroideas autoinmunes en algunos individuos.
El diagnóstico generalmente se realiza mediante una combinación de análisis de sangre y, en algunos casos, un análisis de tejido. biopsia.
Análisis de sangre: Se utilizan para evaluar la función tiroidea y detectar actividad autoinmunitaria. Su médico podría solicitar:
Hormona estimulante de la tiroides (TSH): generalmente alta en el hipotiroidismo.
T4 libre: A menudo baja en hipotiroidismo.
Anticuerpos de peroxidasa tiroidea (TPOAb): se encuentran comúnmente en personas con tiroiditis de Hashimoto.
Anticuerpos contra la tiroglobulina (TgAb): A veces está presente otro tipo de anticuerpo.
Ecografía: Las imágenes pueden mostrar una tiroides agrandada de forma difusa con una textura gruesa o heterogénea.
Biopsia por aspiración con aguja fina (PAAF)En ocasiones, se realiza una biopsia si hay un nódulo o si el diagnóstico es incierto. Se examina una pequeña muestra de tejido tiroideo al microscopio. patólogo.
Al observarse al microscopio, el tejido tiroideo muestra signos de actividad inmunitaria a largo plazo. Los patólogos suelen observar:
Linfocitos y Células de plasma:Son células inmunes que se infiltran en el tejido tiroideo, provocando inflamaciónSu presencia es el sello distintivo de la tiroiditis linfocítica crónica.
Folículos linfoides: Son grupos organizados de células inmunitarias, que suelen observarse en los ganglios linfáticos. Su presencia en la tiroides indica que la enfermedad ha estado presente durante mucho tiempo.
Cambio oncocítico (células de Hürthle): Algunas células tiroideas se agrandan y se llenan de un material rosado. Este es un cambio reactivo común y no indica cáncer.
Atipia citológica:Algunas células tiroideas pueden verse levemente anormales, pero estos cambios generalmente se deben a una inflamación más que a un cáncer.
Estas características microscópicas ayudan a confirmar el diagnóstico y a distinguir la tiroiditis linfocítica crónica de otras afecciones de la tiroides.
Una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento depende del funcionamiento de la tiroides:
Si los niveles de hormona tiroidea son normales, su médico puede recomendar un control regular sin necesidad de medicación.
Si desarrolla hipotiroidismo, su médico puede recetarle levotiroxina, una forma sintética de hormona tiroidea, para reemplazar la que su cuerpo ya no produce.
Si la tiroides se agranda (bocio) y provoca síntomas como dificultad para tragar o respirar, se puede considerar la cirugía, aunque esto es poco común.
Las personas con esta afección deben someterse a seguimientos regulares para monitorear la función tiroidea y ajustar el tratamiento según sea necesario.
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